lunes, 4 de enero de 2010

tri-

Allí, en la vigésimo novena de las páginas, como si quisiese indicar algo en particular, más que la triste reminiscencia de cualquier pasado, reencontró mucho de aquello que ya creía tener olvidado, pegado en el cuarto párrafo, con el tallo seco apuntando hacia la izquierda, un trebolcito de tres hojas yacía muerto entorpeciendo su lectura. Como si ella le hubiera arrancado la cuarta el día en que se marchó, si es que acaso el pobre la hubiera tenido desde un principio. Nunca encontró la gracia que ella sí parecía experimentar al coleccionar – si es que esa puede ser la palabra adecuada, coleccionar – pequeños tréboles de tres hojas, sin molestarse si quiera en buscar uno de cuatro, como parecía hacer la gran mayoría de la gente. Claro que ella era un “no soy como la otra gente” constante, así que impasible desraizaba las pobres plantas y las metía entre sus libros, sin más fin que el de olvidar dónde las tenía después, para aportar una pequeña alegría en un posible inesperado reencuentro. Si hubiera una leyenda que llevara su nombre, se diría de ella allí que, de obstinada como era, hubiera arrancado la cuarta hojita al suertudo trébol, “es un trébol, y trébol, como su propio nombre indica proviene de “tri” y “tri” son tres”, y adiós a la buenaventura verde, que aquello no sería jamás un “cuábol” – “cuatríbol”, “tetrábol”, era también costumbre suya inventar vocablos y hacer como si nada – sino un trébol, como Dios manda.

Más aún, aquel reencuentro suyo con el manchurrón verde del cuarto párrafo no trajo la alegría de que ella solía bañar momentos como aquellos, sino un angosto despertar de la conciencia y el olvido. Aunque todo hubiera sido mentira y olvidar, por muy diferente que uno se empeñe en separarlo de perdonar, siempre fuera no más que pura hazaña de la inventiva, y cosas como mordisquearle suavemente el borde de la oreja, para despertarla, o hundir la cara entre su pelo, desperezándose, con ese olor tan suyo a melocotón, o a esas cosas dulces y pegajosas que comen los niños… como a piruleta, pero mejor sin embargo; como si tratare de, al perfumarse, atraer de nuevo aquel olor a la niña que ya no era, que no volvería a ser, y adquiriera por el contrario ese olor almizclado atrayente, casi como el sonrosado de sus mejillas con el frío, pudieran ser capaces de borrársele jamás de la curtida memoria.

(...)

22 comentarios:

Noviembre dijo...

En absoluto se me había olvidado, no os penséis...


¡Feliz año a todos!


:):)

Dawidh dijo...

Feliz año a ti también (prometo volver por la calle Gascona)

Bicos

Anël dijo...

Y yo soy de esa tanta otra gente que busca el trébol de cuatro hojas, aunque a veces se me hace estúpido porqe nunca lo he encontrado, pero no pierdo las esperanzas, esos dan felicidad.
Me gustó tu entradita linda porque los tréboles sean de tres o cuatro hojas son de buena suerte y así quiero empezar el año, también para ti la mejor de todas las suertes en este año.

pati dijo...

Yo no tengo uno, sino dos, y eso que nunca me dio por buscarlos... Eso sí, no entorpecen ningún párrafo de mi memoria. Ya no.

Me gustan las piruletas... ;)

Besitos, preciosa :)

Teogt500 dijo...

Voy tener que dar gracias a dawidh por enseñarme este blog creo que voy a perder bastante tiempo aqui.
Preciosa la entrada.

Feliz año.

Ehse dijo...

La magia del trébol de cuatro hojas es que es algo raro, casi único. La cuarta hoja de cada uno de los tréboles que se esconden entre los libros es su capacidad para golpear nuestra memoria y romper el sentido del tiempo.

Roberto dijo...

yo guardaba hojas de hiedra en las páginas de los libros...voy a retomar la costumbre

que extraña y como me gusta a la vez tu manera de escribir...

taCh dijo...

adoro y al mismo tiempo odio todos y cada uno de los treboles que no se en que rincon de mi alma los deje...Porque me traen buenos recuerdos, pero otros hacen llorar.....

Como siempre, precioso y genial =)

Un beso y un abrazo enormes

La magia de mi pluma dijo...

Me has recordado cuando era niña y buscaba incansablemente treboles de cuatro hojas. Al final llegué a tener unos cuantos, aunque ya no recuerdo donde los tengo.

Es curioso como un simple objeto puede proporcionarnos tantos recuerdos.

Feliz año a ti tambien.

Un besín

sarah dijo...

Inquietante y bella entrada ...y es que los pétalos de flores o similares que guardamos en los libros siempre nos sorprenden con el paso del tiempo. Guardo algunos de hace muchos años que aún están nuevecitos y a veces me transportan al pasado...otras ni me acuerdo de porqué lo guardé y me paso el rato intentando recordar...
abrazos

SOMMER dijo...

Es curioso cómo los tréboles dan o quitan suerte...

Me ha gustado..Besos.

SOMMER dijo...

Ah, se me olvidaba: Feliz 2010

Jime dijo...

Yo no tengo ningún treból pero tengo suerte.. pensé que ya no volverías!
Besitos Noviembre!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio...

Saludos y un abrazo enorme.

Henry Write dijo...

Si fueras más romántica... te explota la cabeza!!! jaja! Menudo post. Casi me explota a mi! :)

besos.

Ankara dijo...

Eso de "como si tratare de, al perfumarse". Ese Tratare. No sé, es muy tú. Te oigo diciéndolo, no sé por qué.

Sisi.. (dos puntos, sí. pa tocarte las narices)

Angus dijo...

Hola. Acabo de descubrir tu blog. Me quedo leyéndote. Me gusta como escribes.

Sofi dijo...

Me gustó mucho :) Y la entrada anterior, no me acuerdo si la leí o no, pero también me gustó :p

Lunska Nicori dijo...

Siempre innovando, y reconstruyendo tus historias con las historias de quienes te leemos, sin darte cuenta...todos tenemos más de un manchurrón en el cuarto párrafo.

Ricardo Baticón dijo...

Hola Noviembre!

antes de nada (y con un poco de retraso)...Feliz AÑO 2010! (si no lo había hecho antes porque últimamente no sé donde tengo la cabeza!)


Noviembre, como siempre, imaginación al poder con el trébol de 3 hojas, te ha quedado guapo.

sarah dijo...

Es increíble la de recuerdos que pueden despertar unas pequeñas hojas. Al releer tu texto no puedo olvidar que a mí siempre me ha resultado inquietante encontrar en un libro pétalos que ya no sabía que estaban allí.
abrazos.

Un Ente de Ficción dijo...

Me gusta tu blog, tiene estilo.
Un saludo!